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martes, 15 de julio de 2008

Amor cotidiano (antipoesía cínica cotidiana)

Nada que ver con tanto alboroto,
tengo el bolsillo roto
y el estómago vacío
y es tanto el tramposo hastío
que gobierna mi reposo
que ya parezco un oso
hibernando en la nevera.


¡Y querías que me fuera!
Pero la casa es mía,
y mía es la poesía
que declamas vulgarmente,
por eso me lavo la frente
con la mano del pecado
y con lo que me has dado
me lavo calladamente
la cola de blonda paja
que se quema contingente.


Atajo que no se ataja
es regreso a la memoria,
es retomar de una noria
el agua contaminada
por bacteria enfadada
de muy malas intenciones.
Observo tus pretensiones
de adueñarte de mi vida
mujer; si serás bandida,
que mi corazón has atado
a tu culo desbordado,
a tu enagua primorosa,
a todo el olor de la rosa
que usas como arma de fuego,
cada vez que das un ruego
como si fuera una orden
al peor fractal desorden
de mi calma cotidiana,
como soldada alemana.


¿Me dejas dormir otro rato?
-ah maldito esposo ingrato,
hay que sacar la basura…


¡Si va!,
ya te saco caradura…

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